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Actualidad

Gravel con ruedas de 32 pulgadas: el prototipo Scott para Unbound

Scott prepara una bici de gravel con ruedas de 32 pulgadas para Unbound Gravel. Analizamos qué implica este prototipo de gravel aero y si tiene futuro.

Que una marca grande se plante en la salida de Unbound con una bici imposible de comprar ya no nos sorprende, pero lo que ha hecho Scott este año sí nos ha hecho levantar una ceja. Un prototipo de gravel aero calzado con ruedas de 32 pulgadas, un diámetro que hasta hace nada solo existía en conversaciones de bar entre frikis del material. La idea es tan sencilla de enunciar como difícil de ejecutar: rueda más grande, menos resistencia a la rodadura y más estabilidad en el terreno suelto de Kansas. En BiciLink hemos querido pararnos a analizar qué hay de verdad, qué es humo y qué implicaciones técnicas tiene todo esto.

Qué ha pasado

Scott ha desarrollado un prototipo de gravel con ruedas de 32 pulgadas pensado específicamente para la competición de ultradistancia en tierra. La bici la estrenará Cam Jones, ganador del Unbound 200 en 2025, que defenderá su corona en la edición de 2026 sobre esta máquina. Su compañero Robin Gemperle, vencedor del Tour Divide 2025, correrá con un planteamiento similar en la variante Unbound XL, la modalidad más larga y despiadada del calendario gravel.

Lo primero que conviene dejar claro es la naturaleza del proyecto. No es un modelo comercial disfrazado de prototipo para generar expectación de cara a un lanzamiento. Es un prototipo real dentro de lo que Scott denomina su programa “Racing Concept” (de ahí la nomenclatura “RC”), un laboratorio rodante donde la marca prueba ideas que, en sus propias palabras, nunca llegarán al mercado. Los corredores del equipo llevan trabajando con estas bicis desde la temporada pasada, así que no hablamos de un capricho montado la semana antes de la carrera, sino de un desarrollo con recorrido.

Sobre el cuadro, la información confirmada es deliberadamente escasa. Sabemos que es de carbono completo, sin lengüetas ni tubos ajustables, con formas ligeramente aerodinámicas que apuntan a un enfoque de bici de gravel aero. Scott no ha detallado geometrías, pesos ni cifras de rigidez, y nosotros no vamos a inventarlas. Lo que sí tenemos es la parte más llamativa y también la más honesta: el testimonio del propio corredor. Jones ha reconocido estar genuinamente asustado por la velocidad a la que va a poder trazar las curvas con esta bici, y ha descrito una sensación de casi levitar sobre la superficie del terreno. Traducido del lenguaje de las emociones al de la ingeniería, eso apunta a un comportamiento muy distinto del habitual en el paso por curva y en el filtrado de las irregularidades.

Contexto: por qué importa ahora

Para entender por qué una rueda más grande se ha convertido en noticia hay que mirar dónde está hoy el gravel de competición. Durante años, el gravel fue el refugio de quien quería salir a rodar sin la tiranía de los vatios y los datos. Esa etapa romántica ha terminado. Hoy Unbound es un escaparate tecnológico de primer nivel, con equipos de fábrica, telemetría, presiones de cubierta calculadas al decimal y una carrera de la aerodinámica que recuerda cada vez más a la que vivimos en carretera hace una década.

En ese escenario, cualquier ganancia marginal se persigue con obsesión. Y en una prueba de 200 millas (más de 320 kilómetros) sobre grava suelta, la variable que más energía consume no es el aire: es la resistencia a la rodadura. Cada pequeño obstáculo, cada piedra, cada surco del Flint Hills kansiano obliga a la rueda a subir, y esa energía se pierde. Reducir ese peaje a lo largo de tantas horas puede marcar diferencias enormes al final del día. Ahí es donde entra el diámetro.

Unbound funciona, además, como el laboratorio perfecto para una idea así. Es una carrera larga, relativamente rápida y sobre un terreno homogéneo y previsible dentro de su dureza: grava con piedra suelta, sin apenas tramos técnicos de MTB. Es exactamente el escenario donde una rueda de mayor diámetro puede lucir sus virtudes sin que sus inconvenientes (peso, inercia, manejabilidad en lo lento y revirado) pasen demasiada factura. Si el experimento iba a probarse en algún sitio, tenía todo el sentido que fuera aquí.

Análisis técnico en profundidad

Aquí es donde os pedimos que os pongáis cómodos, porque el asunto tiene más miga de lo que parece. Vamos por partes.

Qué implica realmente una rueda de 32 pulgadas

El argumento central de las ruedas de 32 pulgadas es geométrico y muy intuitivo una vez lo visualizas. Cuando una rueda se encuentra con un obstáculo, el ángulo de ataque con el que lo aborda depende del diámetro. Una rueda grande “ve” ese mismo escalón con un ángulo más tendido, más suave, y le cuesta menos superarlo. Es el mismo principio por el que un 29” rueda mejor sobre las raíces que un 26” en la montaña. Sube la escala a un diámetro aún mayor y, sobre el papel, mejoras todavía más ese comportamiento.

El resultado esperado es doble. Por un lado, menor resistencia a la rodadura sobre terreno irregular, porque la rueda pierde menos velocidad en cada impacto. Por otro, una sensación de estabilidad y de “flotar” sobre el suelo suelto, precisamente lo que describe Jones. Una rueda mayor tiende a hundirse menos en la grava blanda y a mantener mejor la trayectoria, lo que en fatiga acumulada de varias horas se nota en las piernas y en la cabeza.

Pero no todo son ventajas, y esto es clave. Una rueda más grande, a igualdad de todo lo demás, pesa más y tiene más inercia rotacional. Eso significa que cuesta más acelerarla y también más cambiar su dirección. La masa está, además, más alejada del centro, lo que penaliza especialmente los cambios de ritmo y la agilidad. En una prueba de ritmo constante como Unbound 200 esto importa relativamente poco; en un recorrido nervioso con mil aceleraciones sería un lastre. Aquí está la primera gran pista de por qué esta bici es tan específica: está optimizada para un tipo de esfuerzo muy concreto.

Los retos de cuadro y geometría

Meter una rueda más grande en un cuadro no es cambiar una pieza por otra: obliga a repensar la bici entera. El primer problema es de holgura de cubiertas. Una rueda de mayor diámetro necesita más espacio en la horquilla y en el triángulo trasero, y en gravel ese espacio ya iba justo porque las cubiertas anchas son la norma. Diseñar un cuadro que trague esa rueda con margen de barro es un ejercicio de paquetería endiablado.

Luego está la geometría, y aquí aparecen dos parámetros que nos preocupan de forma especial. El primero es la altura del pedalier. Al subir el eje de la rueda respecto al suelo, el conjunto tiende a elevarse, y con él el centro de gravedad si no se compensa. Un centro de gravedad más alto puede restar aplomo justo donde la rueda grande promete darlo. El segundo es la distancia entre ejes: una rueda mayor tiende a alargar la bici, lo que aporta estabilidad en recto a costa de agilidad. Hay que rebajar pedales, ajustar tijas, recalcular ángulos de dirección. No sabemos cómo ha resuelto Scott este rompecabezas, y honestamente habrá que verlo con datos en la mano antes de dar veredictos.

Estándares de rueda y disponibilidad

Este es, para nosotros, el talón de Aquiles más evidente del proyecto y la razón más sólida para creer que no llegará a las tiendas. No existe un estándar de rueda de 32 pulgadas consolidado en el ciclismo. No hay una oferta amplia de llantas, ni de cubiertas homologadas, ni de bujes pensados para ese diámetro en volumen. Todo lo que rueda bajo esta bici es, casi con seguridad, material de desarrollo fabricado en cantidades mínimas.

Sin un estándar detrás, no hay ecosistema: ni recambios accesibles, ni compatibilidad entre marcas, ni economía de escala que abarate nada. Un ciclista aficionado que quisiera esto se encontraría con un callejón sin salida. Y aquí conviene ser sinceros: la historia del ciclismo está llena de diámetros y anchos que aparecieron con mucho ruido y desaparecieron sin dejar rastro. Que una idea funcione en un banco de pruebas no significa que tenga futuro comercial.

Peso, inercia y el equilibrio final

Todo lo anterior converge en un delicado juego de compensaciones. La rueda grande te da rodadura y estabilidad, pero te cobra peso e inercia. El cuadro necesario es más voluminoso y probablemente algo más pesado. La pregunta que de verdad importa no es “¿rueda mejor?”, sino “¿el balance neto, sumando todo, es positivo para este uso concreto?”. Y la respuesta, hoy, solo la tiene Scott en sus datos internos. En una salida corta y explosiva, casi seguro que no compensa. En 200 millas de grava a ritmo alto y sostenido, es plausible que sí. Esa especificidad extrema es, de nuevo, la firma de un prototipo de laboratorio y no de un producto universal.

El enfoque aero del prototipo RC

No podemos olvidar la otra pata del proyecto: es una bici de gravel aero. Las formas ligeramente perfiladas del cuadro RC, sin elementos ajustables que rompan el flujo del aire, buscan arañar segundos por la vía de la penetración aerodinámica. En Unbound, donde se rueda muchas horas a velocidades altas por lo llano, la aerodinámica ha dejado de ser una excentricidad para convertirse en una ventaja real. Combinar rodadura optimizada por diámetro y penetración optimizada por forma es una apuesta coherente con el objetivo: ir lo más rápido posible durante el mayor tiempo posible en un terreno muy concreto.

Cómo se compara

Frente a las ruedas de 700c (29 pulgadas), que son hoy el estándar absoluto del gravel, el planteamiento de las 32 pulgadas es una radicalización de una tendencia que ya conocemos. El salto del 26” al 29” en montaña, hace años, provocó exactamente el mismo debate: los detractores hablaban de peso, inercia y bicis “torpes”, y los defensores, de rodadura y estabilidad. Ganaron los segundos, y hoy nadie discute el 29” en el cross country. La pregunta es si el salto a 32 pulgadas repetirá esa historia o se quedará en experimento.

Nuestra lectura es que las circunstancias son distintas. Cuando el 29” se impuso, había margen de estándar, industria dispuesta y un beneficio evidente para el usuario medio. Aquí, en cambio, el beneficio parece concentrarse en un nicho de competición muy específico y el ecosistema no existe. La ley de rendimientos decrecientes también juega en contra: el salto de 26 a 29 daba mucho; el salto de 29 a 32 probablemente da bastante menos, mientras que las penalizaciones de peso e inercia crecen. Por eso creemos que este experimento se parece más a una prueba de concepto que a una revolución en marcha.

Comparado con otros experimentos de diámetro y formato que hemos visto en el gravel en los últimos años, este destaca por su honestidad. Scott no está prometiendo un producto: está aprendiendo. Y esa transparencia, dentro de lo poco que cuenta, nos parece de agradecer.

Para quién es (y para quién no)

Seamos claros: hoy esta bici es para nadie que no lleve un dorsal de élite en Unbound. Es una herramienta de competición, un prototipo con corredores de fábrica detrás y todo un equipo de ingeniería resolviendo sus rarezas sobre la marcha. No es para ti, no es para nosotros, y Scott es el primero en decirlo.

Dicho esto, la pregunta interesante es qué significaría para el aficionado si algo de esto cristalizara. La respuesta honesta es: poco, a corto plazo. Sin cubiertas disponibles, sin cuadros compatibles y sin recambios, un usuario normal no tiene por dónde entrar. Lo que sí puede filtrar hacia el mercado son los aprendizajes: cómo gestionar la rodadura en grava, cómo perfilar un cuadro de gravel sin perder confort, qué presiones y qué anchos funcionan mejor. Esos conocimientos sí acaban, tarde o temprano, en las bicis que compramos. La rueda de 32 pulgadas, en cambio, tiene toda la pinta de quedarse en el garaje del equipo.

Si eres un ciclista de gravel que disfruta saliendo a rodar los fines de semana, nuestro consejo es que no pierdas el sueño con esto. Una buena bici de gravel actual con ruedas de 700c y cubiertas bien elegidas te dará el 99% de lo que necesitas. El 1% restante es terreno de laboratorio.

Precio y disponibilidad

Aquí no hay mucho que estirar, y precisamente por eso conviene decirlo alto y claro: esta bici no se venderá. No tiene precio porque no es un producto. Scott ha manifestado de forma explícita que los desarrollos de su programa Racing Concept no llegarán al mercado. No habrá versión de tienda, ni preventa, ni lista de espera. Cualquiera que te prometa lo contrario está especulando.

Lo que sí veremos, con suerte, es cómo algunas de las ideas exploradas aquí se cuelan en futuros modelos comerciales, ya sea en el terreno aerodinámico, en el diseño de cuadros o en la gestión de la rodadura. Pero la bici tal cual, con sus ruedas de 32 pulgadas, se quedará donde nació: en la competición y en el banco de pruebas.

Preguntas frecuentes

¿Qué son exactamente las ruedas de 32 pulgadas?

Son ruedas de un diámetro mayor que el estándar de gravel y carretera actual (700c, equivalente a 29 pulgadas). La idea es que, al ser más grandes, superen mejor los obstáculos del terreno, reduzcan la resistencia a la rodadura y aporten estabilidad sobre grava suelta. A cambio, pesan más y tienen mayor inercia.

¿Son legales u homologadas para competir?

En pruebas de gravel como Unbound, el reglamento es mucho más abierto que en carretera bajo normativa UCI, por lo que este tipo de experimentos tiene cabida. No es una bici pensada para categorías con restricciones estrictas de material, sino para el gravel de ultradistancia, donde la libertad técnica es amplia.

¿Llegarán al mercado estas bicis?

No. Scott ha sido tajante: forman parte de un programa de concepto de competición y no se comercializarán. Lo que sí podría trasladarse a producto son algunos de los aprendizajes técnicos que salgan del proyecto.

¿Son compatibles con mi bici de gravel actual?

No. Una rueda de este diámetro exige un cuadro y una horquilla diseñados específicamente para ella, con la holgura y la geometría adecuadas. No es un cambio de ruedas que puedas hacer en tu bici de gravel de siempre.

En BiciLink creemos que este prototipo de Scott es una de las cosas más interesantes que hemos visto en el gravel de competición en mucho tiempo, precisamente porque no pretende venderte nada. Es ingeniería en voz alta, un experimento honesto sobre hasta dónde se puede empujar el diámetro de rueda en busca de rodadura y estabilidad. El testimonio de Cam Jones, entre asustado y maravillado, nos dice que algo real está pasando bajo esas ruedas.

Ahora bien, no nos engañemos sobre su alcance. La falta de un estándar de rueda, las penalizaciones de peso e inercia y la especificidad extrema del planteamiento hacen que, para nosotros, esto sea mucho más una prueba de concepto que el germen de una revolución. Nos encanta que exista, nos parece sano que las marcas se atrevan a estas cosas, y estaremos muy atentos a lo que Jones y Gemperle sean capaces de hacer en Unbound. Pero si nos preguntáis si el futuro del gravel tiene 32 pulgadas, nuestra respuesta hoy es prudente: merece la pena seguirlo de cerca, pero aún no hay para sacar el monedero. Cuando tengamos datos reales sobre la mesa, os lo contaremos sin filtros, como siempre.

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